
Con el telón de fondo de un evento que pretendía transmitir unidad y fortaleza, las recientes declaraciones de Jorge Álvarez Máynez, líder de Movimiento Ciudadano, solo han servido para enrarecer aún más el ambiente dentro de su propio partido, en lugar de fortalecer la cohesión interna, la “destapadera” de #candidatos a la #Gubernatura y hasta a la Presidencia de la República se transformó en una evidencia más de que las verdaderas intenciones del Dirigente naranja no pasan por generar consensos, sino por asegurar que los dados de cara al 2027 ya están cargados.
Al ofrecer una lista de posibles aspirantes, Álvarez Máynez dejó claro que hay favoritos a los que, sin importar su trayectoria, parecen señalarse como los ungidos del partido, nombres como el de Félix Arratia, quien arrebató un bastión priista a los #Treviño o Balta Martínez Ríos, quien logró una victoria histórica al ganar un distrito eminentemente priísta o panista, no fue figura el Líder estatal que llevó al partido a ganar espacios en Nuevo León el Diputado federal Miguel Ángel Sánchez; todos ellos quedaron en el olvido, con su omisión, se percibe un mensaje de desprecio hacia aquellos que han #arriesgado y ganado espacios para Movimiento Ciudadano con sacrificios reales.
Y si la cosa no fuera suficientemente turbia, el “destape” dejó en evidencia a quienes esperaban ser tomados en cuenta, pero fueron ignorados de forma tajante, el caso de Daniel Acosta es ejemplar, un líder emergente que podría ser pieza clave en el futuro del partido, pero que no mereció ni siquiera un breve reconocimiento, a ellos se suman figuras como Mike Flores o el mismo Luis Donaldo Colosio Riojas, que se encuentra atrapado entre el chantaje y el berrinche, intentando encontrar su espacio dentro de un esquema que parece haber olvidado sus méritos, la situación de #Colosio, en particular, ilustra cómo figuras de peso dentro del partido, como él, han recurrido al amago de abandonar Movimiento Ciudadano si no se les trata como figuras claves, similares a los vicerreyes en la política.
Esto forzó a Máynez a recalcular su estrategia, pero olvidando que no se trataba de Colosio ni de nadie en particular, sino de un principio que debería prevalecer sobre intereses personales, este tipo de tácticas de presión son un reflejo de los viejos mecanismos políticos que, lejos de promover la democracia interna, sólo refuerzan un ambiente de cálculos y maniobras que alejan al partido de sus principios fundacionales.
El desplante más curioso, sin embargo, fue la omisión de la reciente adquisición naranja, el Pato Zambrano, cuya entrada al partido debería haber sido celebrada con mayor protagonismo, pero que también quedó fuera de los reflectores.
El intento de Álvarez Máynez por mostrar unidad se transformó en una fractura interna que dejó a muchos mal parados, los mensajes lanzados al aire solo sirvieron para confirmar que el líder de Movimiento Ciudadano ya tiene un dedo apuntando hacia los preferidos, mientras otros se quedan atrás, maltratados por una omisión que, en el fondo, los coloca en un rincón sin voz ni voto, esto, además de generar desconfianza, coloca al partido en una situación cada vez más delicada, con la política local y la vida pública de Nuevo León, literalmente, en los alfileres del día a día, un movimiento en falso podría desencadenar consecuencias graves, como la pérdida de un voto en el Congreso o incluso la caída de un Alcalde clave en la entidad.
El evento, olvidó Álvarez Máynez no era una borrachera entre cuates viendo el béisbol en el Palacio Sultán, era un evento que se transformó en una confrontación pública, llena de periodistas y reflectores, donde todos esperaban que Héctor García fuera el rey del momento, pero Máynez, al no medir la magnitud de su papel como Presidente de Movimiento Ciudadano, no solo desairó a figuras de su propio partido, sino que actuó de manera que, lejos de parecer maquiavélica, se percibe como una serie de movimientos torpes.
El partido naranja parece estar cada vez más alejado de su pretensión de ser una alternativa de poder real, si la democracia interna se convierte en un ejercicio de “destape” sin consulta ni debate, el futuro no es prometedor.
La sombra de un liderazgo autoritario que se deja llevar por la conveniencia de “quedar bien” con todos parece cada vez más presente y eso, lejos de generar unidad, solo ahonda las grietas internas que, con el tiempo, terminarán por desplomar a un Movimiento Ciudadano que no ha aprendido a jugar sus cartas de forma estratégica.
En cuanto a Mike Flores, si bien es cierto que se encuentra en vías de convertirse en una figura política importante, actualmente su perfil no parece contar con el peso y la madurez necesarios para encarar la gubernatura de Nuevo León, la propuesta de candidatearlo parece más un reflejo de amistad personal y afinidades dentro del partido que una verdadera apuesta por la meritocracia, esto pone en evidencia los viejos vicios priistas de la política mexicana, en los que las decisiones no responden a la capacidad o experiencia del candidato, sino a intereses particulares y prácticas de “dedazo”, promover a Flores de esa manera podría debilitar aún más el papel de Movimiento Ciudadano como una alternativa seria y renovadora.
El 2027 está a la vuelta de la esquina y mientras algunos juegan al futuro, otros siguen pagando los costos de una gestión que, más que consenso, solo ha sembrado división