El presidente estadounidense, Donald Trump, ha vuelto a sacudir el panorama comercial al afirmar “absolutamente” su intención de renegociar el T-MEC, lo que llama la atención no es solo su regreso a la carga con el tratado, sino el argumento central de su postura: “porque no queremos carros construidos en Canadá, o en México”.
Esta declaración, respaldada por su secretario de Comercio, Howard Lutnick, revela una aparente reorientación de sus prioridades, la narrativa de Trump parece haber evolucionado, recordemos que es conocido por su enfoque en la desregulación y los beneficios para las grandes corporaciones, ahora su discurso se centra en proteger y generar empleos dentro de Estados Unidos.
La insistencia en que los automóviles se ensamblen en estados como Ohio, en lugar de México o Canadá, sugiere que la creación de puestos de trabajo para los ciudadanos estadounidenses se ha convertido en su bandera principal, añadiendo que “el presidente realmente entiende de negocios y lo está haciendo de la manera correcta”.
Sin embargo, esta postura genera interrogantes y tensiones con el sector empresarial, pues priorizar la manufactura en Estados Unidos, particularmente en industrias como la automotriz, inevitablemente implica costos operativos mucho más altos para las empresas en comparación con la producción en países como México, lo que que sacrifica la eficiencia y la reducción de costos operativos, resulta algo inusual para un líder que siempre se caracterizó por su pragmatismo empresarial.
La paradoja es evidente: Trump, el empresario por excelencia, parece estar dispuesto a ir en contra de los intereses puramente económicos de las corporaciones para satisfacer una demanda social de empleo en su país.
La renegociación del T-MEC bajo esta nueva óptica de Trump podría traer consigo aranceles significativos para productos que no cumplan con los nuevos requisitos de contenido regional.
Este aparente cambio de prioridades, que privilegia el empleo nacional sobre la eficiencia empresarial, sugiere que Trump está preparando a la economía estadounidense para posibles tiempos difíciles, buscando blindarla ante una recesión global al incentivar la producción y el consumo interno.