Este lunes regresan más de un millón de alumnos a clases y ahí vamos a descubrir que el tráfico que disfrutamos estas semanas fue puro espejismo, no mejoró la movilidad, no aparecieron nuevas avenidas, ni encontramos la fórmula para movernos mejor, nomás estaban de vacaciones los niños.
Y eso es precisamente lo que debería preocupar, el regreso a clases no cayó de sorpresa, tenía fecha desde hace meses, estado y municipios tuvieron prácticamente todo el verano para prepararse y, salvo esfuerzos muy puntuales, la receta volvió a ser la de siempre: agentes de tránsito afuera de las escuelas, pintar señalamientos, tapar algunos baches y anunciar operativos.
Todo ayuda, pero nada de eso quita carros de la calle, ahí está el verdadero problema que seguimos pateando, Nuevo León ya ronda los 2.8 millones de vehículos registrados y el propio Gobierno ha reconocido que un regreso a clases puede incrementar hasta 25 por ciento la carga vehicular en las horas más pesadas.
No sabemos cuántos automóviles estarán circulando simultáneamente el lunes y sería irresponsable inventar la cifra, pero tampoco hace falta ser ingeniero vial para entender lo que ocurre cuando cientos de miles de familias vuelven a realizar prácticamente al mismo tiempo los viajes casa-escuela-trabajo.
Lo interesante es revisar qué hicieron mientras los chamacos estaban de vacaciones, Guadalupe prepara más de cien elementos viales y trabajó señalización alrededor de decenas de escuelas, bien, pero Miguel Alemán, Eloy Cavazos, Pablo Livas y Ruiz Cortines seguirán recibiendo prácticamente la misma cantidad de vehículos.
Monterrey llega con Gonzalitos intervenido, Constitución cargando obras y los viejos dolores de cabeza de Leones y Garza Sada, habrá operación vial, pero no encontramos una medida extraordinaria de verano que cambie de fondo cómo van a llegar los alumnos.
Apodaca seguirá aventando buena parte de su tráfico hacia Miguel Alemán; Escobedo trae obras importantes, incluido Triángulo Norte, pero son proyectos de otra dimensión y calendario; Santa Catarina vuelve a apoyarse en operativos alrededor de planteles; San Nicolás tiene rehabilitaciones viales.
O sea unos hicieron más que otros, pero casi todos están preparando cómo administrar el tráfico que viene, no cómo evitar que llegue, y ahí San Pedro les pone una piedrita bastante incómoda en el zapato.
Allá llevan tiempo experimentando con carpool y transporte escolar, incluso reportando reducciones de tráfico alrededor de colegios, podrá discutirse el alcance, podrá decirse que San Pedro tiene condiciones económicas y geográficas distintas, y es cierto, pero al menos entendieron algo elemental: si quieres bajar el tráfico, en algún momento tienes que bajar el número de carros.
Poner veinte agentes donde ayer había diez no reduce un solo viaje, el Estado también sabe dónde está la bronca, ha hablado de horarios escalonados, carpool y transporte escolar.
El problema es la escala, una cosa es presentar programas, sumar empresas y escuelas voluntariamente, y otra conseguir que esas medidas sean suficientemente grandes para sentirse cuando toda la metrópoli arranca al mismo tiempo.
Ahí está la discusión que deberíamos tener después del lunes, no si faltaron tránsitos, no si un semáforo duró veinte segundos más, ni siquiera si hubo un choque que terminó de madrear Gonzalitos.
La pregunta buena es otra: ¿Cuántos carros lograron sacar Estado y municipios de las calles durante las horas pico después de otro verano de planeación?.
Si la respuesta es prácticamente ninguno, entonces no tenemos una estrategia para combatir el tráfico, tenemos una estrategia para aprender a vivir atorados.
Y hoy volveremos al ritual que conocemos de memoria: levantarse antes, aventar a los niños al carro, abrir Waze, buscar una rayita que todavía no esté roja y mentarle la madre al tráfico, luego alguna autoridad recomendará salir con tiempo, como si levantarnos más temprano fuera política pública.
