POR: DON MAQUI

 

Cada vez que hablamos de la Refinería de Cadereyta ocurre lo mismo.

 

Unos hablan de contaminación.

 

Otros de empleos.

 

Unos quieren cerrarla.

 

Otros dicen que tocarla sería una barbaridad.

 

Y al rato ya estamos todos discutiendo política mientras nadie pregunta qué tan bien hace la chamba para la que fue construida.

 

REFINAR.

 

Pemex acaba de volver a encender focos.

 

Durante el segundo trimestre su producción de diésel cayó 11 por ciento y la de gasolina 13 por ciento, mientras aumentaron las importaciones de combustibles.

 

El problema no necesariamente está concentrado en Cadereyta; los datos corresponden al sistema de refinación de Pemex.

 

Precisamente por eso queremos separar las cuentas.

 

¿Cuánto crudo recibe Cadereyta?

 

¿Cuánto procesa?

 

¿Cuánta gasolina produce?

 

¿Cuánto diésel?

 

¿Cuántos días estuvo fuera de operación alguna planta?

 

¿Cuánto se ha gastado en mantenimiento?

 

Y después agregamos la otra cuenta que conocemos demasiado bien los nuevoleoneses:

 

emisiones e incidentes.

 

Porque si Nuevo León carga con los costos ambientales y los riesgos de tener una refinería en medio de una zona metropolitana de millones de habitantes, lo mínimo que podemos exigir es conocer su rendimiento completo.

 

Sin ideología.

 

Sin mañanera.

 

Sin pleito partidista.

 

Producción.

 

Costo.

 

Mantenimiento.

 

Emisiones.

 

Todo junto.

 

Porque si Cadereyta contamina, queremos saber cuánto.

 

Y si produce…

 

TAMBIÉN QUEREMOS SABER CUÁNTO.