Por: Efrén Jiménez

La llegada a la gubernatura por parte de Jaime Rodríguez Calderón y su movimiento Independiente, significó la derrota de una crónica anunciada para los partidos políticos, pero lo que comenzó como un proyecto de esperanza y un mejor porvenir para los nuevoleoneses, con el paso de los meses y años se convirtió en una bonita anécdota para él y una pesadilla para la sociedad de nuestro Estado.

Han sido tantas las pifias de él, como de su gabinete, que las promesas de campaña quedaron solamente en los vídeos y sus redes sociales, porque unas no las ha cumplido y de las otras no se acuerda. Sufre de amnesia, famosa enfermedad, típica en muchos políticos. Imaginemos que entramos a uno de esos espectaculares circos que tienen cuatro pistas en el escenario y en cada una de ellas se presentan diferentes actos.

Pues bien, el circo se llama Nuevo León y en la primera pista se presenta un malabarista; en la segunda, un domador de leones; en la tercera, unos payasos que te hacen llorar, pero de tristeza; y en la cuarta, una pista vacía, muy triste y sin vida.

La primer pista para nosotros se convirtió en la inseguridad que existe en Nuevo León y es tal que el malabarista terminó por asustarse y cayó al suelo. Muy malo en cuento.

El domador de leones se transformó en la contaminación que poco a poco intoxica a la población regia. Los leones, fallecieron por problemas pulmonares y el acto terminó por desaparecer. En la tercer pista tenemos a los problemas del transporte público de pasajeros que aparte de ser muy caro es de los peores en cuanto a servicio. Unidades viejas y feas y conductores que no respetan a los usuarios.

Este servicio al igual que los payasos de este circo terminan por hacer llorar en vez de divertir. Y, por último, en la cuarta pista, la que se encuentra sola y sin vida es la que corresponde a la obra pública del Estado: nula, porque no existe en términos generales, unas cuantas inauguraciones, pero que no corresponden al estilo vanguardista y de desarrollo de aquí.

Como podemos observar, este espectacular circo encaja perfectamente en esta analogía de lo que vivimos los nuevoleoneses y todas las penas que pasamos diariamente. Y ese circo lleno de vida y alegría las transformó en penurias y tristezas con el paso del tiempo. Así sucedió con El Bronco, su llegada ilusionó y alegró a sus votantes, pero ahora muchos no lo pueden ver ni en pintura. Las broncas del Bronco son las que sofocan a Nuevo León.