Por: Jesús Horacio González. 

Hace ya diez años que en Nuevo León sufrimos de psicosis ante la inseguridad por los secuestros, asesinatos, extorsiones y robo de vehículos a mano armada. Los horarios de las universidades se cambiaron para que los alumnos salieran más temprano de clases, las familias evitaban viajes en carretera o salidas por la noche y las conversaciones cotidianas eran en torno a familiares o amigos que ya habían tenido una amarga o trágica experiencia.

El Gobierno del estado “sacó bandera blanca” pero no “tiró la toalla” y buscó ayuda de la comunidad. Empresas, universidades y el Estado se dieron cuenta de la necesidad de abordar el tema juntos y crearon la “Alianza por la Seguridad” para enfrentar la situación de una vez por todas.

Desde la iniciativa privada tuve la suerte y privilegio de formar parte del equipo de 20 ejecutivos y expertos de estas empresas y universidades que juntos conformaron la “Alianza por la Seguridad”. Alfa, Axtel, Cemex, Femsa, Frisa, Lamosa, Proeza, Soriana, Xignux, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Monterrey, la U-Erre y consultores privados de gran prestigio aportaron recursos, tiempo, talento y voluntad para ayudar a su propia comunidad.

El trending topic en ese momento fue un tweet de Don Lorenzo Zambrano (QEPD) diciendo que “Quien se va de Monterrey es un cobarde. Hay que luchar por lo que creemos. Tenemos que retomar nuestra gran ciudad”.

Era un mensaje claro para todos los que abandonaban la ciudad y se iban a vivir a Estados Unidos o alguna otra ciudad en México. Era entendible y opción, pero para muchos líderes sociales como Armando Garza Sada, Tomás Milmo Santos, José Antonio Fernández, Eduardo Garza T., Federico Toussaint, Enrique Zambrano Benítez, Ricardo Martín Bringas, Eugenio Garza Herrera y los rectores de las universidades implicaba ceder y perder la ciudad ante el crimen organizado.

Se formaron Comités de Estrategia y Operación con reuniones diarias en calidad de urgente. Era imprescindible definir el plan de vuelo y trazar los planos para tener una estrategia integral para este nuevo modelo de seguridad, empezando por la claridad de mando civil y no militar. Como primer paso se hizo un diagnóstico y se definió el rediseño de la institución. Era evidente que la policía estatal tenía que desaparecer y empezar desde cero. Nuevos policías, nuevos mandos, nueva imagen y nuevo nombre. Surge la Fuerza Civil que años después sirviera como modelo de éxito que replicaron otros estados de la República. En unos casos con éxito y en otros no.

Las condiciones y circunstancias de hoy a nivel nacional no son muy diferentes y enfrentamos una situación similar con la creación de la Guardia Nacional. Esta semana ha pasado a debate y votación en la Cámara de Diputados y el Senado de la República la aprobación de modificación de más de diez artículos de nuestra Constitución.

Sin dejar pasar lo obvio, es necesario privilegiar el diseño claro de la institución y cómo irá desapareciendo paulatinamente la Policía Federal. Todos los elementos idealmente deberán de ser evaluados y con sus pruebas de control de confianza aprobados pero lo más importante es la capacitación a todos los elementos castrenses que estarán en la Guardia Nacional a fin de garantizar que se respetan los derechos humanos, los procesos penales y acusatorios.

La Guardia Nacional tendría principalmente dos facultades: La primera, sería la investigación de los delitos junto con las policías, bajo la conducción jurídica del Ministerio Público, y la segunda, sería cumplir los objetivos de la seguridad pública y procuración de justicia en coordinación con el Ministerio Público y las instituciones policiales de los tres órdenes de gobierno, quienes en conjunto conformarían el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Al igual que en el caso de Fuerza Civil, el éxito en la creación de la Guardia Nacional será la integración y participación ciudadana; como acompañantes y supervisores de los resultados de una de las iniciativas de seguridad que en forma y fondo es la de mayor trascendencia en la última década.