Por: Alejandro Villanueva.


No podemos ocultar que cada día que despertamos en Monterrey y su Área Metropolitana, cada vez son más los días que notoriamente a simple vista tenemos una pésima calidad del aire. Tal y como entre los años 2009 a 2012, aproximadamente, en los que muchos regiomontanos se negaban a la idea de que en nuestra ciudad nos había alcanzado y rebasado el problema de inseguridad y narcotráfico, hoy, en 2019, tenemos que enfrentar la realidad: la ciudad Metropolitana de Monterrey tiene un grave problema de contaminación y de mala calidad del aire.

Tampoco podemos ocultar ni negar que, parte de la grandeza de nuestra ciudad, por la que tanto nos sentimos orgullosos, es que nuestra ciudad tiene una clara y pujante vocación industrial, cosa que nos ha posicionado en el país y en el mundo como un referente en esta materia, sin embargo, en estos tiempos debemos hacer uso de las nuevas tecnologías para encontrar y generar una armonía entre la industria y el medio ambiente.

También es claro que nuestra ciudad ha sido diseñada para el uso despiadado del automóvil privado para poder realizar nuestras actividades cotidianas. No existe cultura vial, no existe la infraestructura adecuada para el peatón y ciclista, y todos los días aumenta el parque vehicular. Sin contar el descuido, abandono y falta evidente de las áreas verdes suficientes en la ciudad.

Ante esta realidad que vivimos en Monterrey y su área metropolitana, no se observan acciones contundentes de las autoridades para revertir, prevenir y disminuir los problemas de contaminación. Mientras en ciudades como la Ciudad de México implementa acciones para contrarrestar la mala calidad del aire, o como en Madrid, España, donde se restringe el acceso a vehículos a ciertas zonas de la ciudad, así como los límites de velocidad cuando se activan contingencias ambientales, en Monterrey no sabemos que significa activar una contingencia ambiental, y seguimos pensando en construir y ampliar avenidas para el vehículo privado, sin acciones contundentes para mejorar la calidad el aire, y sin mucho menos contar con un trasporte público de calidad que represente una opción para que la ciudadanía deje de utilizar su carro.

Con todo esto, es lamentablemente que muchas de las razones por las que los regiomontanos nos sentíamos orgullosos, cada día van desvaneciendo y nos hace preguntar a las autoridades, universidades, iniciativa privada y ciudadanía en general: ¿Qué esperamos para actuar sin simulaciones e hipocresías para que vivamos en una ciudad menos contaminada, y con mejor calidad del aire? Mientras sigamos así, no lograremos cambiar nada, y seguiremos disminuyendo la esperanza de vida de quienes vivimos en esta ciudad.

Alejandro Villanueva Camargo

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