Por: Jesús Ortega Martínez.

El presidente de México ha confirmado que no asistirá a la reunión del G20, que como ustedes lo saben, se lleva a cabo regularmente y reúne a los jefes de Estado de las 20 economías más fuertes e importantes del mundo.

México es una de esas economías, y hasta ahora, ocupamos el lugar décimo cuarto. La inasistencia de López Obrador es inexplicable y no habría justificación alguna que fuese razonable.

En estas reuniones se analizan y se adoptan decisiones sobre los temas que determinan el desarrollo de la economía mundial y la de sus respectivos países, y cada determinación que adopta el G20 influye de manera significativa en el conjunto de la humanidad. Se podría decir que es un privilegio asistir y aquellos líderes que hacen presencia logran que su país adquiera mayor relevancia.

¿Porque no asiste, entonces, nuestro presidente?
Ha dicho que no quiere ninguna confrontación con Donald Trump; que no desea agudizar el conflicto con EEUU derivado de la imposición de gravámenes a los productos mexicanos que exportamos hacia nuestro vecino del norte.
Esta explicación es absurda, pues foros como el G20, se llevan a cabo precisamente, para encontrar mediante la política, solución a controversias y conflictos entre los países.

En sentido diferente a la argumentación de AMLO, su presencia en Japón, le permitiría no solo exponer sus ideas y las razones de México respecto al comercio mundial y específicamente al que realizamos con los países de hemisferio norte de América, sino además podría encontrar aliados en la lucha contra la actitud abusiva del gobierno estadounidense. Son muchos los países que mantienen recelo ante Trump y a todos ellos los podría sumar a la causa mexicana.

La comunicación epistolar entre los jefes de estado resultaba importante en el siglo XIX, pero en el siglo XXI,el presidente de México debe encarar a Trump, exponer las razones de México ante los líderes mundiales y ganar aliados en el esfuerzo de evitar una guerra comercial.

Lamentablemente para nuestro País, el presidente López Obrador adopta una actitud pusilánime, que está siendo interpretada por el presidente norteamericano y por otros líderes mundiales como debilidad.

Pobre México, que es conducido con un presidente que piensa que la mejor política exterior es la política interior, que supone que una política exterior no tiene utilidad para el país, y que considera que hablar con los líderes de las naciones más poderosos es una pérdida de tiempo.

¡En lugar de ir a Tokio, él tomará el camino hacia Macuspana!