Cuando la canícula empuja los termómetros de Nuevo León por encima de los 40 grados, el calor que sofoca al área metropolitana de Monterrey ya no es solo cosa del clima, sino de la forma en que creció la ciudad durante décadas.

 

De acuerdo con estudios urbanos y ambientales, alrededor de 84 por ciento del suelo urbano está cubierto por concreto, vialidades, edificios y estacionamientos, mientras que las áreas verdes representan apenas 16 por ciento, lo que favorece la formación de islas de calor con diferencias de entre tres y nueve grados respecto a zonas arboladas.

 

Los municipios de San Nicolás, Escobedo, Apodaca, Guadalupe y Monterrey concentran los puntos más críticos, mientras que en colonias como Industrial se han registrado hasta cinco grados por encima del promedio, en contraste con parques como Bosques del Valle, donde la temperatura baja dos grados por la cobertura vegetal.

 

Expertos advierten que la ciudad absorbe radiación durante el día y la libera lentamente por la noche, prolongando el bochorno, por lo que proponen ampliar el arbolado, recuperar suelos permeables y ordenar el crecimiento vertical para enfrentar una canícula 2026 que podría superar los 42 grados.