El cierre de 14 meses impuesto por Estados Unidos al ganado mexicano en pie por la plaga del gusano barrenador se convirtió en el detonante de un crecimiento histórico en la exportación de carne procesada hacia el mercado estadounidense.
La emergencia sanitaria, que se extendió desde Centroamérica hasta Texas y Nuevo México, bloqueó el cruce de más de un millón de cabezas y dejó pérdidas por mil 850 millones de dólares a productores que tradicionalmente vendían animales vivos al otro lado de la frontera.
Para enfrentar la crisis, los ganaderos retuvieron el hato en el país, lo llevaron a corrales de engorda y lo sacrificaron en rastros nacionales, estrategia que impulsó 10,6 por ciento las ventas de carne en 2025 hasta 2 mil 300 millones de dólares y otro 23 por ciento entre enero y abril de 2026.
La industria ahora busca duplicar los envíos en 2027 y consolidar empleos en México, apoyada en la reapertura gradual por Douglas, Arizona, anunciada el 26 de julio, y en una planta de mosca estéril que se construye en Chiapas para erradicar al parásito.
