Un terremoto de magnitud 7.7 sacudió el centro-norte de Birmania, provocando una tragedia de gran escala que ha conmocionado a la región, de acuerdo con los reportes oficiales, “el sismo causó la destrucción de más de 2 mil 600 edificios y dejó más de 1,600 muertos y 2 mil 376 heridos”, las autoridades advierten que las cifras podrían aumentar conforme avanzan las labores de rescate.

El epicentro del terremoto se ubicó entre Sagaing y Mandalay, dos importantes ciudades del país, donde los daños estructurales fueron mayores, el impacto también se sintió en naciones vecinas como China, India y Tailandia, generando alarma regional, en Bangkok, por ejemplo, “colapsó una torre en construcción”, lo que evidencia la magnitud del sismo.

Ante la catástrofe, el Gobierno militar birmano declaró el estado de emergencia y emitió un llamado a la comunidad internacional para recibir ayuda humanitaria, no obstante, la tensa situación interna complica los esfuerzos.

“Los enfrentamientos internos complican la distribución de asistencia”, señalaron medios locales.

Organismos internacionales ya han comenzado a movilizar recursos, pero los accesos terrestres a las zonas más afectadas presentan severos daños, dificultando la llegada de apoyo, equipos de rescate locales trabajan entre los escombros en busca de sobrevivientes, mientras las autoridades evalúan declarar zonas de desastre total.

El sismo ha dejado al descubierto la fragilidad de la infraestructura en la región y ha puesto nuevamente en el foco los desafíos humanitarios que enfrenta Birmania, la comunidad internacional se mantiene atenta, mientras crece la presión sobre el gobierno para garantizar el acceso seguro y equitativo de la ayuda a la población afectada.