POR: DON MAQUI

En un partido con más de 13,000 militantes es inconcebible que no haya una sola voz disidente aparte de la de Víctor Fuentes, es increíble ver como en cada municipio han convertido el partido nacional en un botín familiar empezando por el de Guadalupe, donde Alfonso Robledo encabeza de nueva cuenta la candidatura a la alcaldía de esa ciudad gracias a que su cuñado Mauro Guerra presidente del PAN, primero lo designó diputado federal y ahora, aspirante a alcalde.

En ese municipio en particular, se han rotado las candidaturas sólo los familiares de las últimas dos elecciones y se han eternizado mujeres llamadas “juanitas” como Itzel Castillo, que todos los casi siete años que lleva de legisladora jamás ha dado muestras de ser ni por asomo una buena diputada, sólo cumple la característica que requieren de las damas en Acción Nacional disciplina y silencio.

Ya no se diga en Monterrey, donde en esta elección llegaron al extremo de hacerle el trabajo sucio a Francisco Cienfuegos al reclutar a quien dicen los rumores, es la terapeuta, sí como lo leyó, terapeuta de Juan Carlos Ruiz García el títere preferido de Raúl Gracia Guzmán.

En ese municipio no vimos a nadie quejarse por la jugada que parecía maestra de regalarle al candidato del PRI la posibilidad de ganar con una candidata tan débil en Acción Nacional, y decimos que estuvo a punto de salirse porque no contaban con que Víctor Fuentes apareciera en la lista de aspirantes a la capital regia, y buscara aguitarles el negocio de Monterrey.

Pero lo mismo pasa en San Nicolás, donde igual les imponen al propio Mauro Guerra de candidato y nadie dice nada, o en Cerralvo donde se heredan la alcaldía, o bien en Linares donde el cacique del pueblo intenta a toda costa colocar a su hermana y así la lista es interminable del negocio familiar en que se convirtió Acción Nacional, sin olvidar Cadereyta, donde la familia Leal mantiene sus cotos de poder, además del partido en donde cobra uno de los hermanos del diputado actual.

En fin, es difícil entender a la militancia pero si debemos de comprenderla tener hambre y ganas de un cargo público debe ser terrible para perder la dignidad así como lo hacen, sin chistar, sin decir nada, manteniéndose disciplinados y aguantando que se irán de este mundo sin alguna vez poder siquiera competir por un cargo público más de 13,000 panistas, repetimos son agachones y agachones con su dirigencia.