Algo bastante interesante acaba de suceder en el tribunal que tiene una parte del futuro político de Samuel García entre sus manos, Mónica Soto anunció su salida de la Sala Superior del Tribunal Electoral.

Hasta ahí podría parecer simplemente otro movimiento en la sacudida que vive el Poder Judicial, el detalle es que Soto no tenía que irse ahora, su permanencia había sido extendida por la reforma judicial, pero decidió presentar su renuncia anticipadamente y abandonar el Tribunal este 31 de agosto, y aquí es donde Nuevo León debería poner atención.

Ese mismo Tribunal resolvió por unanimidad que Samuel García violó las reglas electorales al difundir fuera del periodo permitido un evento ligado a su Cuarto Informe.

La sentencia no declaró que Samuel hubiera cometido promoción personalizada ni actos anticipados de campaña, pero sí acreditó la difusión extemporánea del informe y dio vista al Congreso de Nuevo León para determinar la sanción correspondiente.

Y todos sabemos lo que ocurrió después: el asunto dejó de ser solamente electoral y terminó alimentando uno de los frentes jurídicos y políticos más delicados para el Gobernador, por eso la salida de Mónica Soto merece más que una nota de despedida.

No porque exista evidencia de que su renuncia tenga relación con Samuel (hasta ahora no la hay), sino porque ocurre mientras el Tribunal Electoral sigue siendo protagonista de decisiones capaces de sacudir gobiernos, candidaturas y carreras políticas.

Soto se marcha antes de terminar el tiempo que podía permanecer, Samuel acaba de decir que pretende quedarse hasta el último día de su gobierno, una sale anticipadamente y el otro promete no moverse.

Pero entre ambos queda algo bastante más importante: las sentencias no renuncian, y aquella del Cuarto Informe ya salió del Tribunal, llegó al Congreso de Nuevo León y abrió una historia política que todavía está lejos de terminar.