POR: EL FISCAL DEL CONGRESO

 

En Morena siguen repitiendo que todo se define con encuestas, que el que salga arriba se queda con la coordinación y que ahí no hay dedazo.

 

Muy bien, vamos a probar esa afirmación con lápiz y papel, porque no aguanta.

 

Son 17 gubernaturas y la ley obliga a Morena a postular cuando menos nueve mujeres, llevan diez nombramientos: seis mujeres y cuatro hombres, quedan siete estados, entre ellos Nuevo León.

 

Ahora imagínese este escenario, que no es descabellado, que en cinco de esos siete estados el que salga arriba en la encuesta sea hombre, sumarían nueve hombres y ocho mujeres, NO alcanza la cuota.

 

¿Y entonces qué pasa?

 

Pasa que alguien que ganó su encuesta se va a quedar fuera, y en su lugar van a poner a quien quedó abajo, así de simple.

 

Ahora piénselo al revés, y aquí está el detalle que nadie está diciendo.

 

Si en esos siete estados ganaran seis mujeres, no hay ningún problema, la ley marca un piso de nueve mujeres, no un techo, pueden ser diez, doce, las que sean.

 

o sea que el riesgo solamente corre para un lado, una mujer que gana su encuesta nunca va a ser desplazada por la cuota, un hombre que gana su encuesta, en los últimos estados de la lista, sí puede ser desplazado.

 

¿Y CUÁL ES EL ÚLTIMO ESTADO DE LA LISTA, SEGÚN VAMOS? PUES ADIVINE.

 

Y ahí está la trampa del calendario, el que se definió el 25 de agosto compitió con la cuota vacía y ganó limpio, el que se defina en octubre va a competir contra una calculadora que ya está casi llena.

 

Aquí lo que decide no es nada más qué tan bueno eres, es en qué lugar de la fila te formaron.

 

Ahora, para que nadie me malentienda, porque este tema se presta.

 

La paridad no es el problema, que la mitad del país esté representada por mujeres en las boletas es de lo mejor que le ha pasado a este sistema, y punto.

 

El problema es otro, y es más feo.

 

Ariadna Montiel ya avisó que Morena no va a publicar los resultados de sus encuestas.

 

Ahí está el verdadero asunto, si no se publican los números, nadie va a poder saber nunca quién ganó de verdad y quién fue acomodado, y el que más pierde con eso no es el hombre que se quedó sin candidatura.

 

Sino la mujer que gane bien ganado y a la que le van a andar diciendo toda la campaña que llegó nomás por la cuota, sin que exista un solo papel para callar a los que lo digan.

 

Así que la solución es de lo más sencilla, y no cuesta ni un peso.

 

Publiquen las encuestas.

 

Si el proceso es tan limpio como dicen, los números no deberían darles miedo.