Miguel Alemán ya no es solo una vialidad, es una experiencia multisensorial, el recarpeteo estatal avanza con decisión hacia el Aeropuerto y, hay que reconocerlo, en varios tramos el asfalto nuevo permite circular con una fluidez que parecía leyenda urbana, es el lado amable del proyecto, el que invita a pensar que Monterrey por fin tendrá una avenida a la altura de su crecimiento.

Pero como toda buena historia tiene su giro, el sentido hacia Monterrey guarda el capítulo más emocionante, a la altura de Ruiz Cortines, la reducción a un solo carril convierte el trayecto en un ejercicio colectivo de calma y resignación, ahí los autos avanzan a “vuelta de rueda” y el tiempo se dilata lo suficiente como para repasar pendientes mentales o hasta terminar un podcast.

Los detalles curiosos no se quedan ahí, cerca del bulevar del aeropuerto, el pavimento reciente decidió que no estaba listo para el tráfico pesado y se deformó en 12 metros, casi tapando un desagüe como si quisiera reinventar la ingeniería hidráulica, y en Linda Vista, las cuadrillas dejaron dos placas de acero bajo el asfalto, un pequeño homenaje al arte del azar en la construcción.

Las dos fugas de drenaje entre Churubusco y Constituyentes completan el paquete, atribuidas oficialmente a la propia obra, el objetivo es claro: tener todo listo antes del Mundial de junio, y mientras tanto, los ciudadanos de Monterrey aprenden a convivir con una avenida que cambia de cara cada semana, una ruta que ya no solo conecta puntos de la ciudad, sino que también pone a prueba la paciencia de quienes la transitan.