Entre la desconfianza de una elección cuestionada y la tormenta económica de los ochenta, Jorge Treviño Martínez asumió la gubernatura el 1 de agosto de 1985 decidido a dejar huella con concreto y acero mientras el país crujía por devaluaciones y deuda, y aunque llegó con el estigma de un Colegio Electoral subordinado al PRI, terminó por ser bautizado tres décadas después como el Gobernador de las Grandes Obras porque apostó a infraestructura cuando gobernar era apagar incendios.

Abogado por la UNAM con mención honorífica y doctor en Derecho Administrativo por la Universidad de París, Treviño entendió el poder como herramienta para destrabar nudos urbanos y su sexenio parió proyectos que hoy son arterias vitales, la Línea 1 del Metro de Exposición a San Bernabé, el Puente Internacional Colombia que abrió una nueva puerta comercial con Estados Unidos, la Presa El Cuchillo que alimenta a la metrópoli, el Anillo Periférico, la Autopista Monterrey-Cadereyta y el Penal de Apodaca, todos gestionados con apoyo federal y bajo la sombra de Carlos Salinas de Gortari.

Su mandato no fue de escritorio, porque le tocó el cierre de Fundidora y tuvo que mediar entre obreros despedidos y un Estado quebrado, y meses después enfrentar al huracán Gilberto en 1988 que devastó Monterrey y lo obligó a reconstruir caminos, viviendas y la fe de miles de damnificados mientras la oposición le respiraba en la nuca.

Fallecido el viernes 29 de mayo de 2026 a los 90 años, Treviño fue en esencia un gobernador que no presumió sino que hizo lo que le tocaba y su legado se resume en tres ejes que hoy definen a Nuevo León, movilidad con el Metro, agua con El Cuchillo y comercio con el Puente Colombia, y ahora que el Estado corre rumbo al Mundial 2026 con viaductos y líneas de transporte en construcción, la pregunta incómoda es cuántos gobernantes se atreven a apostar su capital político a obras que inaugurará el siguiente.