Lo que prometía ser un alivio de 2 mil pesos para madres terminó siendo un plantón con papelería en mano, este lunes, decenas de mujeres llegaron al Pabellón Ciudadano convencidas de que se llevarían la “tarjeta naranja” que Samuel García presumió el sábado en el festejo del Día de las Madres, pero realidad fue otra: ventanilla vacía y la frase repetida de “aún no hay tarjetas”.
El enojo no tardó en explotar y el nombre que más se escuchó fue el de Félix Arratia, el titular de Igualdad e Inclusión brilló por su ausencia justo cuando las manifestantes pedían a gritos un funcionario que diera explicaciones, para las presentes, su desaparición solo confirma lo que ya se dice bajo la mesa: es el funcionario comodín del gabinete, el que aparece para la selfie pero desaparece cuando hay que resolver.
Mientras la fila crecía y los ánimos se calentaban, el gobierno aplicó la táctica de siempre: mandar a cinco mujeres a una mesa de diálogo para apagar el incendio, una maniobra que en lugar de calmar, dejó más evidente la improvisación de un programa que se anunció con video y aplausos, pero sin logística ni tarjetas listas.
Así, la “tarjeta naranja” pasa de ser el apoyo estrella del fin de semana a convertirse en el símbolo del estilo de gobierno: mucho discurso, poca planeación y cero respuestas cuando la gente llega a cobrar lo prometido, lo que llama más la atención es que de un evento que se supone se congratula a las madres de familia por su devoción a la maternidad, se convirtió, primero, en una avalancha de desamparo el día sábado que fue una desorganización para entrar al evento, y segundo, tras el caos, se les prometió una tarjeta de apoyo para ellas… lo cual, al parecer, también quedó en promesas al aire, todo mal.
