El estudio de yCo. Centro de Fortalecimiento y Consejo Cívico destapó una grieta, 209 donatarias del cuartil más alto se llevan más de 16 mil 500 millones de pesos al año, y las 457 restantes sobreviven con apenas 3.65 por ciento de los 17 mil 133 millones que mueve el sector.
Monterrey y San Pedro son el epicentro, ahí se concentra el 77.1 por ciento de las 666 organizaciones autorizadas ante el SAT, mientras municipios con mayor pobreza quedan fuera del radar de donativos, proyectos y talento especializado.
La radiografía muestra un sector dividido, 64.4 por ciento se dedica a asistencia y 13.8 por ciento a educación, pero sin músculo financiero la mayoría opera al día, depende de donativos que superan el 80 por ciento de sus ingresos y se vuelve frágil ante cualquier crisis fiscal.
En contraste, las instituciones con mayores ingresos ya no viven de la caridad, diversifican fuentes, generan superávits y crean reservas que les permiten contratar personal, medir impacto y atraer más fondos, ampliando la brecha con las pequeñas.
Para Tatiana Fraga Diez y Luz Helena Rodríguez Tapia, de yCo, el error es ver al sector social como un solo bloque, porque la realidad es un ecosistema con capacidades profundamente diferenciadas que exige políticas específicas si se quiere que el dinero llegue más allá del área metropolitana.
