Octavio Romero Oropeza, director del Infonavit y director de Pemex en el sexenio pasado, lo soltó con bombo y platillo: Nuevo León pasará de 30 mil a 77 mil viviendas del bienestar, más del doble de lo que se había planteado, la cifra suena ambiciosa, pero los datos de los últimos años le ponen un freno en seco a la promesa, y es que para cumplirla se tendrían que construir 15 mil 400 casas al año durante los próximos cinco años, un salto de 327% frente a las apenas 3 mil 601 viviendas económicas que se edificaron en 2024.

El contexto no ayuda, desde que el gobierno de AMLO recortó los apoyos federales, la construcción de casas de menos de 713 mil pesos se desplomó 87% en el estado, al pasar de 27 mil 509 en 2018 a poco más de 3 mil el año pasado, ahora la apuesta es multiplicar por 4.27 la producción desde este mismo año, algo que los desarrolladores ven como “misión casi imposible” sin tierra barata, sin insumos accesibles y con los permisos municipales atascados.

La otra piedra en el zapato es el precio, la Presidenta Claudia Sheinbaum prometió un tope de 600 mil pesos por vivienda, pero en el área metropolitana ese número ya quedó corto para los costos actuales, a eso se suma que el Infonavit, según fuentes del sector, dejó de compartir en abril el avance del programa con los constructores: “Antes eran muy abiertos, ahora ya no dan información”, comenta una fuente que pidió no ser citada, y lo atribuye a posibles atrasos.

Si la burocracia y la carestía no fueran poco, el pleito entre el gobierno estatal y las pedreras complica aún más el panorama, además, en los municipios del área metropolitana han salido denuncias por “moches” para liberar permisos, sin importar el segmento, así, la meta de 77 mil viviendas tendrá que abrirse paso entre inercias, encarecimientos y hasta extorsiones si no quiere quedarse como otra promesa que solo suena bien en el discurso.