
Hay una palabra que en política suele repetirse mucho justo cuando empieza a faltar: unidad.
Morena reunió a sus aspirantes, pidió serenidad y mandó el mensaje de que primero está el movimiento y después las ambiciones personales, muy bonito.
El problema es que sus aliados parecen llevar un calendario bastante más adelantado, el Partido Verde ya cerró filas alrededor de Waldo Fernández, y no lo hizo precisamente para acompañarlo a tomar café: lo está impulsando rumbo a la gubernatura de Nuevo León.
Mientras tanto, desde el PT llegó una confesión todavía más interesante: no existe comunicación con Morena, quieren una coalición total para 2027, y reconocen que dentro del movimiento hay guerras internas.
Entonces vale la pena hacer una pregunta muy sencilla: ¿Unidad de quién con quién?, porque Morena todavía tiene sobre la mesa nombres como Clara Luz Flores, Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y otros perfiles, pero uno de sus principales aliados ya decidió poner sus fichas sobre Waldo, y eso le entrega al senador algo que vale muchísimo antes de cualquier encuesta: estructura para negociar.
Waldo ya no llega solamente como otro aspirante levantando la mano, llega con un partido diciendo públicamente: éste es el nuestro, y ahí comienza la verdadera elección, no la de junio de 2027.
La que ocurre meses antes, cuando los partidos empiezan a preguntarse cuánto vale cada uno para construir una alianza, el Verde tiene votos, el PT tiene votos, Morena tiene la marca más grande, pero todos quieren lugares, y en Nuevo León hay muchísimo que repartir: una gubernatura, 51 alcaldías, 42 diputaciones locales, distritos federales, sindicaturas y cientos de regidurías.
Por eso quizá estamos mirando equivocadamente la pelea cuando solamente preguntamos: ¿Quién será candidato a gobernador?, la pregunta más interesante podría ser otra: ¿CUÁNTO VA A COSTAR MANTENER UNIDA A LA 4T?.
Porque seguramente el Verde quiere a Waldo, el PT quiere espacios, Morena querrá conservar las principales candidaturas, y cada aspirante trae además su propio grupo, alcaldes, diputados y compromisos.
Ahí es donde Jesús Elizondo también está jugando una partida interesante, recorre el estado, reta aspirantes, fija posiciones y obliga a que lo volteen a ver, tal vez no necesite encabezar todas las encuestas para tener algo extraordinariamente valioso en política: capacidad de negociación.
Y ése puede terminar siendo el verdadero pleito, no solamente quién gana la encuesta, sino qué recibe el segundo, qué exige el tercero y cuánto pide cada partido para aceptar al primero, Morena puede reunirlos nuevamente, tomarse otra fotografía y volver a pedir unidad.
Pero hay una realidad imposible de esconder: el Verde ya escogió, el PT ya está reclamando atención, y Morena todavía ni siquiera termina de ordenar la casa, así que cuando llegue la famosa encuesta habrá que mirar mucho más abajo del porcentaje.
Habrá que preguntar quién se quedó con Monterrey, quién con Guadalupe, quién con diputaciones, cuántos distritos recibió el Verde, cuántos pidió el PT, y cuántos espacios tuvo que entregar Morena para conseguir aquella fotografía donde finalmente todos levanten la mano del mismo candidato.
En política las alianzas rara vez se rompen solamente por ideología, muchas veces se rompen por algo bastante más terrenal: cuando hay muchas manos extendidas y ya no alcanzan las sillas, y por eso dejo una pregunta para quienes conocen cómo se negocian estas cosas: si Waldo no gana la encuesta, ¿qué tendría que recibir el Verde para aceptar al candidato de Morena?, ahí puede estar escondida buena parte del 2027.
