La cantante presenta Haramara, la primera pieza de un proyecto musical inspirado en raíces, territorios y tradiciones afroindígenas
La música también puede funcionar como una forma de memoria.
La cantante Xochitzin acaba de presentar Haramara, la primera “ola” de Maremoto, un nuevo proyecto musical construido a partir de su exploración de las raíces y la cultura afroindígena.
La propia artista describe la canción como una ofrenda relacionada con dos deidades del mar y con dos territorios distintos.
A partir de esa idea, el proyecto busca construir un diálogo entre música, territorio, identidad y memoria.
El concepto afroindígena ocupa un lugar central.
No como un elemento decorativo, sino como punto de partida para explorar las raíces culturales que atraviesan la identidad de la artista.
Haramara funciona así como el primer capítulo de un proyecto más amplio.
El nombre Maremoto tampoco parece casual.
El mar aparece como territorio, memoria y conexión entre comunidades y culturas.
Xochitzin plantea su propuesta desde una perspectiva donde la música sirve para recuperar historias y generar nuevas formas de representación.
En tiempos donde muchas tradiciones culturales sobreviven gracias a la transmisión oral, convertirlas en canciones también puede ser una forma de conservarlas.
El mar, esta vez, no llega como una tormenta.
Llega convertido en música.
