POR DON MAQUI
Las inauguraciones son maravillosas, todo está limpio, hay fotografías, discursos, sonrisas y una explicación detallada de cuánto costó la obra.
Pero después llega algo que no suele pedir permiso: la naturaleza.
Los deslaves registrados en las márgenes del río Santa Catarina volvieron a poner bajo revisión el Parque Lineal y las condiciones de seguridad de infraestructura cercana a la Línea 4 del Metro. El Congreso pidió información y planteó revisar contratos, y aquí la pregunta no es si llovió mucho, eso ya lo sabemos, la pregunta es otra: ¿la obra estaba diseñada para resistir las condiciones que razonablemente debían contemplarse?
Porque para construir junto a un río se necesitan estudios hidráulicos, geotécnicos, estructurales y de protección de taludes, y todos esos estudios cuestan dinero, entonces queremos conocerlos, ¿los daños corresponden a un fenómeno extraordinario?, ¿estaban contemplados en el proyecto?, ¿existen garantías?, ¿quién debe reparar?, ¿habrá que volver a pagar?
No estamos diciendo que hubo negligencia, estamos preguntando algo bastante elemental: si una obra pública presenta daños, el ciudadano tiene derecho a conocer sus causas y quién responderá por ellas.
Porque cortar un listón es sencillo, lo complicado es construir algo que siga funcionando cuando ya se fueron los invitados.
