Por Don Maqui

Claudia Sheinbaum tomó una decisión que seguramente provocará discusiones en miles de hogares mexicanos.

Desde hoy entra en vigor la restricción del uso de celulares durante las clases y los recreos en las escuelas de educación básica.

Y aunque algunos seguramente pondrán el grito en el cielo, la medida tiene bastante sentido.

Porque basta visitar cualquier reunión familiar para descubrir que muchas veces los niños están más interesados en una pantalla que en conversar con quienes tienen enfrente.

Y tampoco podemos ignorar que los teléfonos se han convertido en una distracción permanente dentro de las escuelas.

La intención es recuperar la atención, la convivencia y hasta esos recreos donde los alumnos jugaban, platicaban y aprendían a relacionarse sin necesidad de una aplicación.

Ojo, no significa que los estudiantes tengan prohibido llevar el aparato. Existen excepciones para emergencias y necesidades particulares.

Pero aquí aparece una reflexión interesante.

¿De qué sirve pedirles a los niños que guarden el teléfono si sus propios padres no pueden pasar diez minutos sin revisarlo?

Sheinbaum está impulsando una medida que merece una oportunidad.

Ahora corresponde a las autoridades educativas aplicarla con prudencia y garantizar que los padres puedan comunicarse con sus hijos cuando verdaderamente sea necesario.

Porque la tecnología llegó para quedarse.

Pero tampoco podemos permitir que termine sustituyendo la convivencia humana.

Y quizá lo más curioso de esta historia sea que los niños aprenderán a dejar el celular durante unas horas.

Mientras millones de adultos todavía no conseguimos hacerlo ni durante la comida.