Por: Don Maqui
Vaya vueltas que da la política mexicana, ahora resulta que desde Morena están pidiendo cárcel para Guadalupe Taddei, la misma que llegó a la presidencia del INE durante el gobierno de López Obrador y cuya designación fue celebrada por el propio expresidente. El senador morenista Óscar Cantón Zetina declaró que, si Taddei y otros funcionarios resultan responsables de actos de corrupción, deberían terminar en prisión, y tiene razón en algo: si existen delitos, que se investiguen y se castiguen, sin importar quién los haya cometido.
Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿dónde estaban todos esos políticos cuando se cuestionaba la independencia del árbitro electoral? ¿Por qué entonces defendían el proceso de designación y ahora algunos parecen descubrir que el INE puede tener problemas graves? Porque Taddei no llegó de otro planeta, llegó mediante un procedimiento institucional en el que Morena tenía una influencia política evidente, aunque su designación final se resolvió por insaculación, y ahora que aparecen señalamientos sobre presuntas irregularidades administrativas, resulta demasiado cómodo presentar el asunto como si nadie conociera los antecedentes.
Que investiguen todo, contratos, proveedores, nombramientos y responsabilidades, y si hay delitos acreditados, que actúe la justicia, pero tampoco pretendan borrar la historia, porque en política hay quienes celebran cuando nombran al árbitro y después se indignan cuando empiezan a cuestionarlo.
Lo verdaderamente interesante no es solamente saber si Taddei debe responder ante la justicia, es averiguar cuántos de quienes hoy la señalan estuvieron aplaudiendo cuando llegó al cargo.
