La posibilidad de desarrollar proyectos de fracturación hidráulica, conocida como fracking, en Nuevo León ha generado preocupación por el volumen de agua que requiere esta técnica y por los posibles riesgos relacionados con la actividad sísmica.
El método consiste en inyectar fluidos a presión para fracturar formaciones rocosas y facilitar la extracción de gas no convencional, un proceso que puede requerir entre 9 y 19 millones de litros de agua por pozo, de acuerdo con los datos citados en el reporte.
Liliana Flores Benavides cuestionó la posibilidad de desarrollar una actividad de esta magnitud en la entidad y advirtió que el consumo de agua representaría una presión adicional para una región que enfrenta problemas de disponibilidad del recurso.
El debate también incluye los posibles efectos sobre el subsuelo y la actividad sísmica, mientras organizaciones y especialistas han planteado la necesidad de evaluar los impactos ambientales antes de permitir proyectos de este tipo.
