El Día del Maestro en Nuevo León tuvo sabor a gol y a reclamo, mientras el Gobernador Samuel García presumía el programa Ponte Nuevo, Ponte Mundial con más de 500 canchas deportivas construidas en escuelas, el dirigente de la Sección 21 del SNTE, José Francisco Mtz Calderón, le recordó que el balón rueda bien, pero las paredes de los planteles se caen a pedazos, el reconocimiento fue claro y cortés, pero el “pero” cayó como penalti al minuto 90, porque la escuela pública sigue esperando un mantenimiento digno, equipamiento tecnológico y espacios seguros que no dependan de un evento deportivo para recibir inversión.

La imagen es contradictoria, canchas con pasto sintético y tableros nuevos conviven con salones con goteras, ventanas rotas y ventiladores que no sirven en pleno calor regiomontano, para el magisterio el mensaje es directo, el Mundial no puede ser el único pretexto para invertir en educación, la infraestructura académica no debe ser el hermano pobre de la infraestructura deportiva, mucho menos cuando los maestros llevan años pidiendo condiciones mínimas para que los alumnos aprendan sin distracciones ni riesgos, en un estado que se vende como polo de innovación pero tiene escuelas que parecen detenidas en los noventa.

El líder de la Sección 50, Juan José Gutiérrez, subió la apuesta y llevó la discusión al terreno de la dignidad, no pidió privilegios sino justicia para quienes dedicaron 40 o 60 años a formar generaciones y hoy enfrentan pensiones que no alcanzan, en un evento donde se entregaron reconocimientos a maestros con medio siglo de trayectoria, la escena expuso el contraste entre el discurso de transformación y la realidad de jubilados que ven cómo su retiro se sostiene con más aplausos que ingresos, una deuda que el gobierno estatal no puede seguir pateando hacia adelante.

Samuel García respondió con cifras y promesas, aseguró que la inversión en infraestructura se duplicó y que este año se destinarán 800 millones de pesos para construir 30 escuelas, frente a las cinco u ocho que se hacían antes, el dato suena bien en el micrófono pero llega tarde para quienes llevan ciclos enteros dando clases entre bancas rotas y techos agrietados, la pregunta que quedó en el aire es si el ritmo de obra alcanzará para borrar la imagen de aulas de museo que contrasta con las canchas de Mundial, porque el magisterio ya dejó claro que no basta con preparar el escenario para el 2026 si los estudiantes siguen aprendiendo en condiciones del 1996.