Aquí tenemos una maravilla de la ingeniería nuevoleonesa, no hablamos de una presa, ni de un acueducto, ni de una planta, hablamos del recibo.

Porque ése sí ha funcionado puntualito.

Según las cifras expuestas en el Congreso, un consumo de 20 metros cúbicos que costaba 313.68 pesos en enero de 2022 llegó a 524.67 pesos en junio de 2026, 67.4 por ciento más, y para consumos de 30 metros cúbicos, el incremento acumulado señalado ronda 92 por ciento.

Casi el doble.

Ahí sí no hubo sequía.

Por eso el Congreso pidió revisar a Agua y Drenaje desde 2022 hasta 2026, cómo determinaron las tarifas, cómo las actualizaron, cuánto dinero adicional entró y, sobre todo, en qué se utilizó.

Ésa es exactamente la pregunta.

Porque aumentar una tarifa puede tener explicación, mantener tuberías cuesta, bombear cuesta, sanear cuesta e invertir cuesta.

Lo que no debería ocurrir es que el ciudadano vea subir el recibo mientras sigue viendo fugas, drenajes problemáticos o fallas en el suministro.

Entonces hagamos una comparación que cualquier vecino entiende, 2022 contra 2026, ¿cuánto subió el recibo?, ¿cuánto subió la inversión?, ¿cuántos kilómetros de tubería se cambiaron?, ¿cuánto disminuyeron las fugas? y ¿cuánto mejoró el servicio?

Porque si el ciudadano está poniendo 67 por ciento más, tiene derecho a preguntar qué recibió 67 por ciento mejor.

No queremos una explicación de veinte páginas sobre la fórmula tarifaria.

Queremos algo mucho más sencillo:

ENSÉÑENOS DÓNDE QUEDÓ NUESTRO DINERO.

Porque hasta ahora hay una parte del sistema de Agua y Drenaje que nadie puede negar que funciona de maravilla.

COBRAR.