Hay cifras que necesitan contador, y otras que necesitan parada de camión.

El Congreso de Nuevo León acaba de poner una de ésas sobre la mesa: casi 90 por ciento de los recursos del Instituto de Movilidad y Accesibilidad se destinan al pago de contratos administrativos relacionados con unidades del transporte urbano, nueve de cada diez pesos.

Y entonces aparece una pregunta bastante corriente, de esas que no necesitan doctorado: ¿cuántos camiones estamos pagando y cuántos están realmente trabajando?

Porque una cosa es el camión contratado, otra el camión pagado, otra el camión estacionado y otra, muy distinta, el que aparece cuando usted lleva cuarenta minutos parado bajo el sol.

Tan seria está la duda que el propio Congreso pidió a la Auditoría revisar proveedores, contratos, número de unidades, cuántas están en servicio, cuántas están fuera y si se aplicaron sanciones cuando no cumplieron.

Ahí está el asunto.

Durante años nos enseñaron fotografías de camiones nuevos como prueba de que la movilidad estaba cambiando, muy bien, ya vimos la foto, ahora queremos ver la lista, proveedor por proveedor, contrato por contrato, camión por camión, cuánto cuesta, cuánto tiempo debe circular, cuánto circuló, cuánto estuvo parado y cuánto se descontó si no cumplió.

Porque si casi nueve de cada diez pesos del Instituto están comprometidos ahí, ya no estamos hablando de una compra más, estamos hablando prácticamente del corazón financiero de la movilidad.

Y aquí Don Maqui propone una auditoría todavía más sencilla, no empiecen en un escritorio, váyanse un lunes a las siete de la mañana a una parada, ahí, entre trabajadores esperando, estudiantes viendo el reloj y gente preguntándose si llegará a tiempo, se audita rapidito si el camión que aparece en el contrato también aparece en la calle.