POR: DON MAQUI

Diego Fernández de Cevallos encarna uno de los personajes míticos más importantes de la política en México. El jefe Diego, como se le conoce no sólo por los panistas sino por sus adversarios, resulta ser (para quienes apreciamos la política coyuntural) lectura obligada cuando escribe alguna columna, o bien, cuando sostiene alguna entrevista con los medios de comunicación.

Ha sido un personaje que viene sosteniendo un pleito encarnizado con Andrés Manuel López Obrador desde sus épocas en que ambos eran dirigentes de sus partidos, los debates que sostenían y que pueden encontrarse en los archivos del internet eran bastante álgidos y con una dosis impresionante de congruencia política.

Fue tal el impacto que tuvo el regreso del jefe Diego a la escena pública que el propio Andrés Manuel le dedicó un tiempo específico a transmitir un video del personaje a quien acusaba de formar parte de la mafia del poder, lo cierto es que López Obrador no estaba lejos de su afirmación, sin embargo, esa es otra historia.

Lo cierto es que Diego Fernández de Ceballos viene a darle oxígeno a un partido Acción Nacional alicaído que no termina por encontrar hacia dónde transita y cómo transita. Diego es un personaje con carácter que sabrá encontrar en la redes sociales un escaparate perfecto para sentir el peso específico que sigue teniendo en la sociedad.

Un personaje lleno de polémica al que se le asocia con el salinismo y que se le achaca haberse enriquecido con negociaciones turbias entre el gobierno federal y su despacho, muy famoso por cierto y con un prestigio impresionante, sin embargo, el acto más emblemático por el que se le recuerda a Diego Fernández de Cevallos, y no precisamente con felicidad, es aquella épica narrativa que realizó desde la Cámara de Diputados donde daban fin a la especulación sobre un fraude electoral.

Diego Fernández de Cevallos mostró de qué estaba hecho en ese momento aunque la historia juzga que traicionó a su partido y la lucha por la presidencia.

Sea como sea, eso es pasado, bueno o malo, pero lo es… Lo que aquí esperamos es que el jefe Diego nos siga deleitando con declaraciones incendiarias.