Por: El Fiscal del Congreso
Ponga las fechas en fila y dígame si usted ve una casualidad: 13 de agosto, Andy López Beltrán anuncia que Estados Unidos le revocó la visa, 29 de septiembre, el New York Times publica que dos agencias de Estados Unidos lo traen en la mira por acusaciones de huachicol, 30 de septiembre, López Obrador rompe dos años de silencio desde Palenque, 22 de octubre, Maru Campos declara en televisión nacional que le dijo a la Presidenta, en la cara, que Ariadna Montiel está metida en ilícitos, y no se retractó, 26 de octubre, Guadalupe Taddei renuncia a la presidencia del INE, ocho semanas, tres piezas tocadas.
La lectura que anda circulando: a López Obrador ya nadie le pega de frente, seguirá siendo el hombre más querido de ese movimiento, pero a su hijo sí, a la dirigente nacional de su partido sí, y al árbitro electoral sí, de ahí la pregunta que se hace medio país esta semana: ¿Esto se está dictando desde arriba, o es un pleito de verdad entre grupos?
Lo que sí se puede documentar: en los análisis nacionales llevan meses escribiendo lo mismo, que hay una doble vara en Morena rumbo a 2030, que cuando a Andy le quitaron la visa, la cúpula cerró filas y lo arropó en cuestión de días, y que los resultados internacionales de Omar García Harfuch en seguridad reciben, en cambio, un silencio frío, hasta hay columnas hablando del Partido Verde como la plataforma que le estarían armando a Harfuch por fuera, ojo con cómo lo decimos: eso es análisis, no es un documento, nadie ha enseñado un papel, pero cuando varios que no se hablan entre ellos escriben lo mismo, algo se está moviendo.
Ahora, el problema de la teoría: y aquí es donde esta casa no le va a vender humo, Taddei se supone no era una pieza de López Obrador, a ella le reclamaban exactamente lo contrario: ex consejeros del propio INE salieron a decir que el Instituto respondía a intereses de la Presidencia, de la actual, entonces una de dos, o la teoría del desmantelamiento no cuadra con esta pieza, o siempre se dijo que era de CSP para cubrir todo el poder que acumula AMLO aún.
Y ahora sí, lo que de verdad importa: porque todo mundo está viendo quién salió, y lo importante es quién entra, ponga atención a cómo se escoge al que va a presidir el INE: lo elige la Cámara de Diputados, se necesitan dos terceras partes de los presentes, y si nadie alcanza esa votación, se decide por insaculación, o sea, por sorteo, Monreal calcula entre cuatro y cinco semanas.
Léalo otra vez, porque es en serio: el árbitro de la elección más grande en años se puede acabar escogiendo sacando una bolita, y en junio de 2027 se renuevan 17 gubernaturas y los 500 diputados federales.
Entonces la pregunta cambia: si usted cree que esto es un pleito entre grupos, pregúntese quién tiene los votos en la Cámara para imponer dos terceras partes, y si usted cree que viene dictado desde arriba, pregúntese para qué tumbar a alguien si no tiene amarrado al que sigue, las dos respuestas llevan al mismo lugar: a San Lázaro, en las próximas cinco semanas, ahí se va a ver quién manda de verdad.
Por lo pronto, un dato para que no se nos olvide: mientras arriba se pelean por el árbitro nacional, aquí en Nuevo León el árbitro local sigue sin presupuesto, en alerta naranja, sin computadoras y sin poder rentar sus oficinas en los 51 municipios, allá se pelean por quién lo nombra, acá nomás no le dan de comer, ¿cuál de las dos formas le parece más eficiente?
