El gobierno venezolano deportó este sábado a Estados Unidos al empresario colombiano Alex Saab, señalado como el principal testaferro del depuesto presidente Nicolás Maduro, según confirmó el Servicio de Migración a través de un comunicado oficial que justifica la medida por los diversos delitos que el colombiano enfrenta en territorio estadounidense, mientras Saab había sido liberado por Washington en 2023 tras permanecer preso desde 2021 por cargos de lavado de dinero y corrupción, y a su regreso a Caracas fue nombrado ministro de Industria en 2024 por el entonces mandatario Maduro, en lo que fue interpretado como un gesto de reconocimiento político.

La situación cambió radicalmente luego del derrocamiento de Maduro en enero, tras un operativo estadounidense que dejó a Delcy Rodríguez como presidenta interina, quien en febrero destituyó a Saab de todas sus funciones y alimentó versiones sobre un posible arresto que nunca fueron confirmadas por las autoridades, mientras la autoridad migratoria insiste en que el traslado no constituye una extradición, figura prohibida por la Constitución venezolana, sino una deportación sustentada en la condición pública y notoria de los procesos judiciales que Saab mantiene en Estados Unidos.

Saab construyó su influencia durante los últimos años del gobierno de Hugo Chávez, al servir de enlace entre la industria petrolera venezolana e Irán y al administrar una extensa red de importaciones estatales que incluyó el programa de alimentos CLAP, marcado por múltiples denuncias de corrupción, además de que su detención ocurrió en 2020 en Cabo Verde y su extradición a Estados Unidos en 2021 desató una crisis diplomática en la que Venezuela lo calificó de “secuestro” y lo defendió como un “héroe” que garantizó el abastecimiento del país bajo las sanciones internacionales.

El caso vuelve a la escena internacional como pieza clave en la recomposición política de Venezuela y como parte del complejo entramado de acuerdos entre Washington y Caracas, y para analistas la deportación representa tanto un mensaje de la nueva administración venezolana hacia Estados Unidos como un intento por desmarcarse de las figuras más cuestionadas del chavismo en medio de la transición de poder que vive el país.